MI amigo Nerd


~ Cuando era niño, como a los 11 años, tenía un amigo que se llamaba Mauricio y que era nerd, de esos con el pelo mal cortado y anteojos de los que en ese entonces se llamaban “poto de botella”(yo también era nerd, aún lo soy). Por largo tiempo ( algo así como un año) fue mi único amigo, si bien nuestra amistad era una relación bastante mínima; una amistad minimalista, podría decirse. Consistía en que nos juntábamos los días jueves en su casa para hablar sobre historia, más precisamente sobre los romanos. Él tenía un libro muy grande y bonito sobre historia de Roma, de esmerado empaste y cuidadas ilustraciones; a veces pienso que mi real interés en aquella amistad tenía más que ver con ese libro que con otra cosa.

Nos juntábamos en la cocina de su casa alrededor de las 4 pm, hojeábamos el libro e intercambiábamos algunos datos sobre el tema que nos concitaba (yo inventaba mucho, aún a veces lo hago) A él le interesaba hablar sólo de los romanos; en un par de ocasiones traté de hablar de los griegos, pero no tuve buena acogida. Cerca de las 6 pm su mamá nos traía leche con Milo y galletas. A veces nos visitaba su hermana, que era una niña muy linda, y nos regalaba frases como: “¡Los romanos, los romanos! De lo único que sabe hablar el par de giles.” Durante un tiempo me gustó mucho la hermana y esperaba ansioso que llegara a insultarnos, pero no siempre lo hacía.

Si bien mientras lo viví no le encontré mayor brillo, con el paso de los años he llegado a añorar ese breve período de mi vida. Porque aún me gusta hablar de historia, pero no tengo a nadie que me siga en mi interés. La gente suele hablar de su vida sentimental, de música, de su trabajo y de la demás gente. En general estos temas me resultan bastante fastidiosos, pero trato de que no se me note. Sí, sí, no tengo que ser tan intolerante; por eso mismo trato de disimular el fastidio. Sí, claro, ya sé que soy yo el que está mal.

A mi amigo Mauricio lo dejé de frecuentar al cabo de un año y no lo volví a ver hasta hace poco tiempo atrás, en que lo encontré por casualidad en la calle. Me habló de que estaba casado, de que tenía dos hijas ( me mostró una foto), de su trabajo como visitador médico, de lo mala que estaba la cosa. Yo quería hablar de los romanos.