~ Nunca creí en el viejito pascuero, al menos no recuerdo haber creído. Pero hubo una ocasión en que casi llego a creer. Yo tenía 8 años y veía las noticias de la tarde en el canal 13, entonces, de pronto, Cesar Antonio Santis anuncia que tiene una sorpresa para todos los niños: una entrevista exclusiva con Santa Claus (así lo presentó), quien por primera vez accedía a ser entrevistado por un medio chileno. Todo tenía un satisfactorio aire de verosimilitud. O sea, era en un noticiario, no en uno de esos programas infantiles donde era obvia la falsedad de todo. Además, Santis condujo la entrevista con toda seriedad, en ningún momento festinó o hizo algún amague que diera a entender que todo era una gran payasada. Y el viejo entrevistado era muy creíble como viejo pascuero: gordo, con barba blanca verdadera (o al menos eso parecía) y aceptablemente viejo; además, no impostaba ninguna voz rara, aunque sí tenía un perfecto acento chileno (bueno, no reparé en ello y sus implicancias en aquel momento; un niño tan, tan perspicaz no era tampoco). Así que, a medida que avanzaba la entrevista, mi incredulidad tambaleaba cada vez más. Hasta que, en un truco televisivo muy mula, el viejo pascuero hizo aparecer de la nada un regalo para Santis. Recobré, entonces, mi sano escepticismo.
Al parecer, yo era un niño inusualmente despierto; en contraste, actualmente soy un adulto adormilado. Recuerdo haber sido el único de mis compañeros de primero básico al que le parecía una soberana idiotez aquello de que Chile fuera una potencia militar “de temer” porque tenía al Huáscar. Bueno, yo no dudaba de las excepcionales bondades militares de tan famoso barco, pero consideraba que un sólo súper barco no era suficiente para llegar a ser una potencia de primer orden. Imaginaba que Estado Unidos tenía, por lo menos, diez barcos de la misma envergadura que el Huáscar, además de un par de portaviones.
La cuestión del viejo pascuero presentaba muchas más, y mayores, inconsistencias que el asunto del Huáscar; tantas, que me desesperaba que hubiera niños que no se dieran cuenta del embuste. Durante los primeros años de enseñanza básica, me enfrasqué en acaloradas discusiones tratando de convéncer, a mis amigos y compañeros de curso, de algo que para mí era de lo más evidente: el viejo pascuero no existía, eran los papas los que compraban los regalos. La última de estas discusiones la tuve como a los 13 años, con unas primas más o menos de mí edad que aún le escribían cartas al viejito. Recuerdo que les dije: “¿Cómo es posible que alguien pueda estar a la misma hora en todas partes del Mundo?”; y ellas a coro: “Ah, y cómo Dios...”; y yo: “glup”…A esas mismas primas les ayudé una vez a picar plumavit, para que regado en el ante jardín su casa, aparentara navideña nieve. A mi tío no le gustó la idea.
A pesar de mi certero y seguro escepticismo, el asunto del viejo me complicaba, porque por mucho tiempo tuve engañados a mis papas haciéndoles pensar que creía. Me sentía un estafador, un vil mentiroso movido por la ambición de los regalos. Aunque nunca me traían exactamente lo que encargaba: si pedía un robot a pila, me traían uno a cuerda; si una bicicleta, un triciclo; si la camiseta del Colo-Colo, la del Wanderes. Una vez pedí la pelota de fútbol oficial de la FIFA, con la intención de que me llegara por lo menos una común, pero aceptable, pelota de cuero: me tuve que conformar con una de goma. Quizá alguien me estaba castigando por mi hipocresía, mi materialismo y mi incredulidad pascuera.
Ya mayor me enteré de que el viejo pascuero era un invento de la Coca-Cola. Así mismo. Si bien sus orígenes se remontan a San Nicolás de Bari (el santo cuya sangre, contenida en pequeños recipientes, se vuelve a licuar todos los años), fue la Coca- Cola la que le dio su aspecto y sentido definitivo. Fue una revelación que de algún modo me hizo sentir bien con mi historial de incredulidad.
Al parecer, yo era un niño inusualmente despierto; en contraste, actualmente soy un adulto adormilado. Recuerdo haber sido el único de mis compañeros de primero básico al que le parecía una soberana idiotez aquello de que Chile fuera una potencia militar “de temer” porque tenía al Huáscar. Bueno, yo no dudaba de las excepcionales bondades militares de tan famoso barco, pero consideraba que un sólo súper barco no era suficiente para llegar a ser una potencia de primer orden. Imaginaba que Estado Unidos tenía, por lo menos, diez barcos de la misma envergadura que el Huáscar, además de un par de portaviones.
La cuestión del viejo pascuero presentaba muchas más, y mayores, inconsistencias que el asunto del Huáscar; tantas, que me desesperaba que hubiera niños que no se dieran cuenta del embuste. Durante los primeros años de enseñanza básica, me enfrasqué en acaloradas discusiones tratando de convéncer, a mis amigos y compañeros de curso, de algo que para mí era de lo más evidente: el viejo pascuero no existía, eran los papas los que compraban los regalos. La última de estas discusiones la tuve como a los 13 años, con unas primas más o menos de mí edad que aún le escribían cartas al viejito. Recuerdo que les dije: “¿Cómo es posible que alguien pueda estar a la misma hora en todas partes del Mundo?”; y ellas a coro: “Ah, y cómo Dios...”; y yo: “glup”…A esas mismas primas les ayudé una vez a picar plumavit, para que regado en el ante jardín su casa, aparentara navideña nieve. A mi tío no le gustó la idea.
A pesar de mi certero y seguro escepticismo, el asunto del viejo me complicaba, porque por mucho tiempo tuve engañados a mis papas haciéndoles pensar que creía. Me sentía un estafador, un vil mentiroso movido por la ambición de los regalos. Aunque nunca me traían exactamente lo que encargaba: si pedía un robot a pila, me traían uno a cuerda; si una bicicleta, un triciclo; si la camiseta del Colo-Colo, la del Wanderes. Una vez pedí la pelota de fútbol oficial de la FIFA, con la intención de que me llegara por lo menos una común, pero aceptable, pelota de cuero: me tuve que conformar con una de goma. Quizá alguien me estaba castigando por mi hipocresía, mi materialismo y mi incredulidad pascuera.
Ya mayor me enteré de que el viejo pascuero era un invento de la Coca-Cola. Así mismo. Si bien sus orígenes se remontan a San Nicolás de Bari (el santo cuya sangre, contenida en pequeños recipientes, se vuelve a licuar todos los años), fue la Coca- Cola la que le dio su aspecto y sentido definitivo. Fue una revelación que de algún modo me hizo sentir bien con mi historial de incredulidad.




7 comentarios:
no importa que no exista Manuel... para mi de alguna manera existe ese espíritu navideño cuando veo a mi familia reunida año a año a pesar de todo y por sobre todo.
Un beso y Feliz Navidad.
Digo lo mismo que Cinodo.
Me hiciste reir con eso de que te angustiabas tratando de hacer creer a tus padres que creías...muy tuyo. Un beso.
Pola(f)
Qué lindo comentario, me encantó, qué te puedo decir... la verdad estoy un poco sin palabras, porque ese niño de 6 años del que hablas, me recordó tanto a la niña de 6 años que solía ser...aunque yo sí alcancé a creer, por un breve, pero hermosísimo período. En nombre de ese recuerdo es que me siento obligada a decirte que, creo que este es uno de los pocos casos, en que un cúmulo de mentiras casi (si no fuera por el consumismo)que no hace más que el bien; porque, sabes? es lindo tener algo en que creer, sobre todo en esa época en que realmente PUEDES creer como nunca más lo harás... es algo mágico que nunca se volverá repetir
Gracias por tu post, después de publicar yo, uno algo rabioso (necesitaba desahogarme), tus recuerdos infantiles me hicieron reir y me trajeron paz...
paso por acá para desearte un feliz 2006. Hoy, al sentarme en la computadora, lo primero que vi fue ese hermoso perro del agujure que tu creaste. Me lo llevo hoy de paseo. Te llegarán pronto fotos de él. En cuanto a intentar hacer uno a mi estilo, claro! me encantaría hacer el intento. Un gran abrzo y lo mejor para ti amigo, Con mucho cariño,
Polaf.
creo que tienes mucha razon en muchos aspectos respecto a la navidad que tambien comparto
pero como escrito se me torno un poco repetitivo y sin asombro,no lo encontre interesante sino un sentido muy saturado de elementos,bueno tu entiendes lo que me refiero.
hay otro espiritu que es más que e so que se debe sentir no importa todo lo demás.
como que no postié más en tu blog?
En toodos los anteriores lo he hecho! Es que actualizas muy poco!!! El que no se ha pasado si es por eso eres tu por el mío :P
Saludos de vuelta.
voy a comentar cuqndo lea esto más pausadamente.
CHOPA
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