Obama

~ La verdad nunca me ha conmovido ningún político. No porque haga eco del eslogan de que son todos "corruptos y mentirosos" (argumento que nos puede ahorrar algún grado de reflexión, pero que es una evidente falacia), sino más bien porque no creo que esté en manos de una sola persona cambiar mucho las cosas. Pero eso era hasta que llegó Obama. Es que el tipo es realmente inspirador, tanto que quiero creer que en sus manos está la posibilidad de un mejor futuro para el Mundo. Si Bush representaba lo peor del comportamiento histórico del los Estados Unidos, la prepotencia y la ambición; Obama representa lo mejor, las ideas de libertad, democracia y oportunidad. Me gusta creer que es así, y hay base para tal creencia en cuanto atendemos, más allá del anecdótico dato de su raza, a su visión y actitud ante la realidad de problemas de su país y del Mundo. Ojalá no se lo echen.

Me encantan los primeros párrafos de su discurso de celebración:

"If there is anyone out there who still doubts that America is a place where all things are possible; who still wonders if the dream of our founders is alive in our time; who still questions the power of our democracy, tonight is your answer.

It's the answer told by lines that stretched around schools and churches in numbers this nation has never seen; by people who waited three hours and four hours, many for the very first time in their lives, because they believed that this time must be different; that their voice could be that difference.

It's the answer spoken by young and old, rich and poor, Democrat and Republican, black, white, Latino, Asian, Native American, gay, straight, disabled and not disabled - Americans who sent a message to the world that we have never been a collection of Red States and Blue States: we are, and always will be, the United States of America.

It's the answer that led those who have been told for so long by so many to be cynical, and fearful, and doubtful of what we can achieve to put their hands on the arc of history and bend it once more toward the hope of a better day.

It's been a long time coming, but tonight, because of what we did on this day, in this election, at this defining moment, change has come to America."

Barack Obama
November 5, 2008

Batman y Joker



Advertencia: Esto está lleno de spoilers.

~ Hay un capítulo de Los Simpsons en que Homero conduce un monorriel que no puede detener y que avanza cada vez más rápido. Entonces Marge lo llama a la radio del tren y le dice: "Homero, acá estoy con alguien que te puede ayudar"; y Homero: "¿Batman?"; y ella: "No, un científico"; y él: "¡Pero Batman es un científico!"; y ella: "¡¡Que no es Batman!!"

Como sea, Homero tiene razón: Batman es un científico. El superpoder del encapotado consiste, más allá de su destrezas ninjas, en su inteligencia, aplicada tanto al invento de sus artefactos (incluido el batirepelente de tiburones) como a la solución de los casos en que se ve envuelto. Porque Batman también es un detective, así lo interpela siempre Ra's Al Ghul y para eso tiene la baticomputadora.

El otro aspecto central de la personalidad de Batman tiene que ver con que está mentalmente desequilibrado, quizá tanto como los supervillanos que persigue. Batman no es un justiciero (como podría serlo Superman), sino un vengador; en el principio de su historia hay un trauma que lo mueve a la venganza, un odio que focaliza en todos aquellos que entiende como delincuentes, y que integra de manera indisoluble su modo de ver y enfrentar el mundo.

Entonces, a pesar de sus muchas cosas rescatables, Batman Begins no me gustó porque presentaba un Batman que no era ni un detective ni un científico y que tampoco estaba lo suficientemente loco; un tipo blando, inseguro, dubitativo, que necesitaba de alguien más listo que él para que le fabricara los artefactos y de un mayordomo y una novia que le dijeran lo que tenía que hacer. Y nopo, así no es Batman.

Pero yo creía en Cristopher Nolan, ya que Memento, y especialmente The Prestige, daban a entender que se trata de un muy talentoso director. Y no me defraudo. Porque a pesar de que sigue ofreciendo un Batman que no es ni un detective ni un científico, y que no está lo suficientemente loco, The Dark Night me gustó mucho, por las muchas cosas rescatables que tiene.

La película tiene un ritmo vertiginoso y escenas muy bacanes, como la del secuestro del empresario chino en Hong Kong o la del Joker saliendo del hospital mientras se suceden las explosiones. Me gustó el tono realista, tanto de la historia como de la ambientación; especialmente el que Ciudad Gótica aparezca como una ciudad de verdad (me parece que Chicago). No es que el expresionismo dark naif de Tim Burton haya estado mal; la verdad estaba muy bien, me encantaba, pero creo que el cambio era necesario. En todo caso, el tono realista no quiere decir que la trama se resista a una lógica exigente; hay algunas cosas que me parecen algo increíbles, por ejemplo, ¿cómo hace el Joker para instalar explosivos a tal magnitud sin que nadie se de cuenta y en tan poco tiempo? o ¿cómo irrumpe con tanta facilidad en una reunión mafiosa de alto nivel? Pero, olvidando esos pormenores, el tono sabe a realidad, a hipnótica realidad.

También me gustaron ciertos detalles del diseño de arte de la película: la baticueva minimalista (aunque al parecer provisoria) y el traje de Batman, sobrio y funcional, muy lejos del disfraz de drag queen que usaba Clooney en Batman y Robin. Además me gustó reconocer algunos guiños a los lectores de cómics, por ejemplo, la conversación entre Gordon, Dent y Batman en la azotea del cuartel de la policía (tomada de la serie de cómics The Long Halloween). Y, por cierto, me gustó el Joker.

El eje ideológico de The Dark Knight ciertamente es Harvy Dent y su camino hacia el mal, en una adaptación libre del argumento de The Long Halloween; pero es el Joker quien se erige como motor de la acción y alma de la película. Heath Ledger (que por cierto merece el Oscar y también el Altazor) dio forma a un personaje odiable y fascinante, aterrador y divertido. Un manipulador y planificador brillante, que utiliza las debilidades, miedos y valores de sus adversarios. Un criminal sin sentido, que actúa por puro gusto, que no persigue nada entendible. Un adversario temible, inmanejable. Porque para vencer a alguien hay que saber qué lo hace perder, qué frustra sus planes, y, aparentemente, nada hace perder al Joker, ya que su objetivo es simplemente destruir, sin importar si ello implica la propia destrucción. Así de loco el loco.

Dicen que Ledger se encerró en un cuarto de hotel durante un mes para pensar en el personaje, con la sola compañía de dos cómics que le recomendaron: The Killing Joke y Arkham Asylum. Este último, si bien una obra maestra en dibujo e historia, es demasiado terrorífico para mi gusto (no es que yo sea "niñita", pero por algo es para mayores de 18 años). Prefiero The Killing Joke, con los dibujos de trazo clásico de Brian Bolland y el sicodélico coloreado de John Higgins. Recientemente se editó una edición de lujo del cómic, con nuevos colores a cargo de Bolland. Seguro es la costumbre, pero prefiero los colores originales, que creo aportan una atmósfera de irrealidad muy apropiada al Joker, dotando de inusual fuerza expresiva a las viñetas. Bueno, rn todo caso, aquello de los colores es lo de menos, ya que lo que convierte a The Killing Joke en la mejor historieta jamás creada sobre batiuniverso es sin duda el notable guión escrito por el hippie cascarrabias de Alan Moore.

Para Moore, Batman y el Joker son dos caras de una misma moneda. Al igual que a Batman, algo le pasó al Joker; no está claro qué, pero es de toda certeza que tuvo un mal día. En The Killing Joke hay una serie de flashbacks en los cuales el Joker rememora su origen ( ese en que cae a un tanque con ácido, que Moore tomó de un cómic anterior y que Tim Burton hizo popular), pero es el mismo Joker quien se encarga de destacar que no siempre recuerda la historia de la misma forma, señalando, jocosamente, que si va a tener un pasado prefiere que sea de opción múltiple. En una de las buenas decisiones de la película, The Dark Knight recoge la idea y le da un nuevo giro.

Pero bien, sea lo que sea, en razón de aquello que le pasó, el Joker odia al mundo. Culpa a todos de su desgracia, ya que se siente víctima de aquel sin sentido, propio de las sociedades humanas, que conduce a que las buenas intenciones terminen en tragedia y a que los malvados reciban admiración y honores. Se siente un damnificado del engaño colectivo en que entiende consisten los ideales de justicia, bondad y humanidad. Ha tomado conciencia de la gran broma en que consiste la vida y, con ello, ha decidido disfrutar de lo divertido que pueda haber en el asunto, devolviendo al mundo, con ánimo de venganza, el mismo caos del que se siente víctima. Y hay algo que quiere probar.

En The Killing Joke, trata de demostrar que todo aquel sometido a circunstancias que conduzcan traumáticamente a la conciencia del sinsentido del mundo, necesariamente optará por la locura para poder seguir viviendo. En The Dark Knight, quiere desenmascarar a la sociedad, mostrar la realidad egoísta y perversa que se esconde tras los ideales de justicia, bondad y humanidad que detenta todo individuo que presume de cuerdo, de normal. Este último plan quizá no sea más que una versión descarnada del primero. En ambos casos, el Joker trata de probar que no es un extraño, un anormal, sino una simple víctima de las circunstancias.

Batman se iguala al Joker en cuanto cree que su calidad de víctima le da derecho a prescindir en su actuar de toda noción de justicia colectiva y racional, o sea, de la ley. Un antiguo filósofo definía la ley como la razón privada de la pasión. Batman actúa nublado por la emoción, por el dolor de su trauma inicial, y si bien se autoimpone límites, son los que él decide, los suficientes para no confundirse con aquellos que entiende como sus enemigos. La visión de Batman es análoga a la del tipo que atrapa un lanza en la calle y le da una pateadura innecesaria; a la de la señora que pide la pena de muerte para el ladrón de su celular; a la de los skinhead que se autoatribuyen la misión de limpiar las calles. O sea, una visión pasional y maniquea, desequilibrada, que implica identificar a un enemigo y simplificarlo, negándole toda legitimidad; que conlleva actuar con rabia, con odio. El mismo odio que el Joker siente contra el mundo.

Pero Batman no es del todo consciente de su desequilibrio; es el Joker quien se encarga frecuentemente de espetarselo. En The Killing Joke le dice: "Algo te pasó, ¿verdad?. Sí, porque de otra forma no te vestirías de rata voladora". Y claro, ¿puede estar cuerdo alguien que sale a perseguir criminales vestido con un pijama de murciélago? El tono realista de The Dark Knight decae al tratar de presentar un Batman demasiado cuerdo. La película es brillante al entregarnos a un Joker, que por muy extravagante y malvado que aparezca, se siente surgido de algún lugar de la realidad. En cambio Batman, con su orejas de murciélago y su tono reflexivo, no termina de cuajar en nuestro mundo; como que ambas cosas juntas (las orejas de murciélago y la cordura) son incompatibles con la realidad. Batman para ser real necesita estar loco.

En la película, el Joker le dice a Batman (a lo Jerry Maguire): "Tú me completas" (antes también se lo había dicho en The Batman vs Dracula). Entonces Batman se cuestiona; le atormenta ser la causa directa del nuevo tipo de criminal que representa el Joker. Bueno, sucede que ese no es el loco de Batman. Distinta es su actitud en The Long Halloween: cuando el comisionado Gordon le pregunta si ha pensado en la relación que podría haber entre su aparición y la irrupción masiva de delincuentes lunáticos que afecta a Ciudad Gótica, Batman responde con un simple y seco "no"; sin dudar, ya que no es algo a lo que quiera dar vueltas. En el fondo sabe que aquellos criminales también lo completan a él, porque sin delincuentes peligrosos que perseguir su vida de vengador no tiene sentido. Ese sí es el loco de Batman.

Además del desequilibrio, el otro aspecto que comparten Batman y el Joker es la inteligencia. Junto con su falta de límites, la peligrosidad del Joker está construida por su capacidad para elaborar complejos planes en que se sitúa, al modo de un experto ajedrecista, dos o tres pasos más allá de sus adversarios. El único que puede detenerlo es Batman, valiéndose de sus habilidades de científico y detective. En The Dark Knight, ese Batman asoma tímidamente, por ejemplo cuando pide que le den diez minutos antes de la policía contamine la escena del crimen, o cuando se vale de los celulares de la ciudad a modo de sonar para encontrar al Joker. Pero me sigue molestando que el personaje de Lucius Fox usurpe una de la características fundamentales de la personalidad de Batman. Me molesta tanto como me molesta Robin, ya que ambos perturban la cara imagen que tengo del millonario misántropo y trastornado, solitario en su sombría mansión, que vuelca todo su inusual talento intelectual a perseguir el crimen, con determinación obsesiva y a modo de velada lucha contra sus propios fantasmas.

En todo caso, cabe la pregunta, ¿quién decide cómo deben ser Batman y el Joker? Mi respuesta sería decir que la mitología de los personajes implica ciertos supuestos desde los cuales resulta de mayor lógica e interés concluir ciertas características en lugar de otras. En el universo de Batman el tono sombrío es esencial, y aunque es posible dejarlo de lado, incluso con buenos resultados, ello siempre significa una traición (de igual forma que sería traición tratar de darle oscuridad a Superman). El carácter desequilibrado de Batman y el Joker, al mismo tiempo que la actitud trágica y desesperanzada de ambos, es la consecuencia natural de dicho tono sombrío. De igual forma lo es, que ambos personajes sean peligrosamente inteligentes. Porque Batman es un científico, eso lo hace realmente peligroso. Sipo, nada más digno de cuidado que un científico loco.

Qué noña la entrada.

Cosas que me han gustado en las últimas 24 horas




~ El arroz con champiñones preparado por mi amiga Maritza; una canción en japonés que empieza "kimi no koto wo omou sono tabi/ umaku ikigate kinai" (Cada vez que pienso en ti/ no puedo respirar bien); una joven y adorable madre que se sentó con su hija junto a mí en el bus; los consejos de Polonio a su hijo Laertes, que volví a leer a propósito del nacimiento del hijo de mi amigo Mauricio; la última entrada del blog de Chopa; un grabado de Antonella que encontré buscando mis apuntes de Derecho Tributario; el video-blog 5 de Layfan, especialmente cuando dice que desayuna dos veces (0:53); un dibujo de la Panshi sobre la duda; el que mi gatita Amelí me saliera a recibir cuando llegué a mi casa de vuelta de Santiago.



Monstruos intergalácticos



~ Siempre recuerdo una frase que escuché una vez viendo Ultraman: "Qué hermoso sería este mundo si estuviera libre de monstruos intergalácticos." Entonces, reparo que vivo en un mundo libre de monstruos intergalácticos y me siento bien.

Ok, existen las guerras, el hambre y el Transantiago; pero un monstruo intergaláctico es como todo eso y de alguna forma peor, porque excede la escala humana. Además, irrumpe sin aviso. Un día cualquiera nos despertamos y escuchamos en las noticias que el tráfico está cortado porque hay un monstruo intergaláctico causando destrozos en la bahía de Valparaíso. Y nos preocupamos por nuestra familia y amigos, y rogamos para que no sea de los que tiran fuego, y para que sea fácil de eliminar y no de esos que se vuelven a regenerar una vez destruidos o que se convierten en varios monstruos más pequeños que después vuelven a crecer. Y la salida a la playa y la ida al cine quedan para otra vez, porque al monstruo se le ocurre inundar la playa y aplastar el cine.

Bueno, podría decirse que un monstruo intergaláctico es un pobre animal incomprendido. Que de un día a otro se encuentra en un planeta lejos de su galaxia y no sabe bien que hacer, y se desespera, y comienza a destruir porque todo le parece extraño y quizá peligroso. Lo correcto, entonces, sería capturarlo y liberarlo en una reserva en la Patagonia, donde pueda ser feliz a su manera. Quizá eso harían los ecológicos islandeses. En Chile se argumentaría falta de recursos y se tendría por única solución matar al monstruo. Nuestras autoridades tienen oficio en aquello de matar y posiblemente sea lo único que saben hacer bien: de los perros vagos a los monstruos intergaláctico hay sólo un paso cuantitativo. Además, eliminar al visitante se volvería imperativo para el Gobierno, ya que la oposición cuestionaría la competencia de la presidenta y acuñaría algún concepto mediático análogo al de la "puerta giratoria", algo así como "el carnaval de los monstruos". Y la señora entrevistada a la salida del metro diría: "Los monstruos tienen chipe libre, ya estamos cansados del carnaval y el Gobierno no hace nada. Yo tengo niños chicos." No habría forma de que la justicia y la bondad fueran aplicables al caso. Ishiro Honda dijo una vez: “Los monstruos nacen demasiado grandes, demasiado fuertes, demasiado pesados, ésa es su tragedia.”

Los monstruos siempre han sido una buena metáfora. De hecho, cuando Ishiro Honda concibió a Godzilla (Gojira para los entendidos) no imaginó sólo una iguana gigante fascinada en destruir con técnicas de luchador de sumo frágiles ciudades de cartulina, sino que también pensó en el peligro atómico. Godzilla era un ser mitológico que abandonaba la seguridad del imaginario al ser despertado por el ruido nuclear. Entonces el Mundo perdía una tranquilidad que se daba por descontada y comenzaba una era apocalíptica, la era de los monstruos. En la primera película, el profesor Serizawa, consciente de que la bestia no es el enemigo, se niega a dar a conocer un arma capaz de destruir al monstruo, pero también capaz de destruir cualquier otra cosa. Serizawa decide sacrificar su vida para mantener el secreto de la súper arma, pero sabe que será cuestión de tiempo para que el ingenio humano la vuelva a concebir. Necesariamente, la era de los monstruos será seguida por la destrucción total. Hevy.

En cuanto a mí, los monstruos intergalácticos son un recordatorio, al modo de las danzas macabras, de que las cosas siempre pueden ir peor, de que toda alegría, todo mínimo bienestar subvalorado, es un préstamo revocable unilateralmente por el destino.

The Anchor Song



~ The Anchor Song es una de mis canciones preferidas. Es mínima y hermosa, tanto que se vuelve mágica. En ella el poder transportador de Björk actúa a plenitud. Especialmente me gusta en éste vídeo: en islandés, en Cambridge, durante la gira mundial de 1998. No creí posible presenciar una versión mejor, pero ocurrió. Las cuerdas fueron reemplazadas por bronces, que apropiadamente emulaban sirenas de barcos, y el resultado fue sublime, quizá insuperable. Me quedé hipnotizado, quieto, como si cualquier movimiento pudiera perturbar la perfección del momento. Una suerte que la haya tocado, ya que no la incluye siempre en sus conciertos, y que haya sido la canción elegida para iniciar la noche; como si me hubiese preguntado ¿Con cuál canción empiezo, Manuel? Una suerte también, vivir en los tiempos de Björk; la gente del futuro tendrá sus discos y vídeos, pero no la fortuna de verla en el preciso instante de su alquimia. La próxima vez pago lo que haya que pagar por una silla de plástico en el Vip top. Porque habrá una próxima vez. Misión para antes de morirme: asistir a otro concierto de Björk. Donde sea.

Makura no soshi



~ Sei Shonagon, como yo, escribía listas. Tenía una libretita que guardaba debajo de la almohada. Cada mañana se levantaba y anotaba en ella, por ejemplo, "Cosas que despiertan una querida memoria", y luego detallaba: "malva seca", "un trozo de tela purpura entre las páginas de un libro", "el abanico del año pasado", "una noche de luna". Con frecuencia se aburría; era cortesana y no tenía muchas cosas que hacer. A veces, en todo el día no hacía más que mirar caer las flores de los cerezos. Otras veces se ponía triste, muy triste, y pensaba que la vida no valía la pena y quería desaparecer para siempre; pero, entonces, encontraba unas hojas de papel mishinoku, y al extenderlas y examinar el borde blanco decorado con delicados dibujos negros, todo le parecía hermoso y decidía resistir un poco más. Le gustaba lavar su cabello y vestir kimonos perfumados; en ese caso se sentía feliz y noble, aunque nadie la observara. Y una noche, ya mayor, murió plácidamente mientras dormía.

En el colegio yo tenía una libreta en la que dibujaba, anotaba cosas que se me ocurrían y escribía listas. Un día que dibujaba en ella, en clases de biología, la profesora me sorprendió y me mandó a hablar con el inspector, que estaba ocupado. Tuve que esperarlo en la biblioteca. Fue entonces que por primera vez, en un libro de la biblioteca de mi colegio, leí acerca de Sei Shonagon, y supe que ella tenía una libreta como la mia.

La libretita de Sei era más bien como un cuaderno o un libro, y la almohada en que la guardaba, una especie de baúl para colocar en la cabecera de cama. Además, sus reflexiones eran de una inusual inteligencia y sensibilidad. Había diferencias entre Sei y yo, pero a pesar de ellas sentía que transmitíamos en la misma onda. Y entonces, a veces, mientras viajaba en la micro, me imaginaba en ese mundo de kimonos perfumados, ritmo pausado y refinada simpleza en que consistía el Japón de la era Heian, y hacía aparecer a Sei. La veía entre el cortejo de la emperatriz Sadako, que desplegaba su ceremonial al tenor de ambientes oceánicos recreados por jardines karesansui. De pronto, al notar que la observaba, Sei me miraba, y sólo eso bastaba para reconocernos, para entendernos esencialmente iguales, necesariamente vinculados, como dos piezas de un rompecabezas que por fin se encuentran. Tal como le ocurrió al guatón Eric cuando se topó con otro chileno en medio de una concurrida plaza de Praga.

Bueno, con los años he conocido gente con libreta y gente sin libreta. La verdad, ya no creo que signifique gran cosa. Una vez leí que el tiempo suele pulverizar los prejuicios y el encanto. Debe de ser.

Niño Asperger


~ Los niños con síndrome de Asperger suelen ser más o menos torpes de movimientos, hablan poco y evitan mirar a los ojos. Carecen de la aptitud suficiente para entender aquel lenguaje de mínimos detalles, gestos, circunstancias y mensajes entrelineas que las personas normales descifran automáticamente, en ráfagas de pensamiento sintético. Si a un niño con Asperger la profesora le dice "pásame un lápiz", el niño piensa: "Tengo varios lapices, de varios colores y formas, ¿cuál será el que quiere? Me hace falta información. Bueno, como no la tengo le pasaré mi bolígrafo azul, que es el mejor de mis lápices". Y la profesora: "¡No, cómo me pasas un lápiz azul!, ¿eres tonto?". Un niño normal, sin esfuerzo alguno, se da cuenta por la expresión facial, el tono de la voz, el lenguaje corporal, y una serie de mínimos detalles que revelan las circunstancias del caso, que la profesora lo que quiere es un lápiz rojo para poner una mala nota.

Es triste ser un niño Asperger; les pegan en el colegio y las niñas los rechazan instintivamente. La dinámica del aprecio consiste en reconocer en el otro un igual, y la vara que mide dicha igualdad dice relación, casi exclusivamente, con nuestras habilidades para relacionarnos con los demás. Alguien deficiente en dicho ámbito será necesariamente percibido como inferior; digno de compasión o de maltrato, según sea la calidad humana de aquellos con quien se tope. Entonces, incapaces de encajar bien en la interacción social, los niños Asperger crecerán casi siempre despreciados y discriminados, preguntándose, sin obtener repuesta satisfactoria, qué hacen mal. Se volverán tímidos y solitarios; en donde estudien, trabajen o vivan siempre serán objeto de bromas y menosprecio.

El síndrome de Asperger, sin embargo, tiene una cara de algún modo positiva: quienes lo padecen, quizá por el uso abusivo que hacen del enfoque analítico, suelen tener un alto coeficiente intelectual. Hans Asperger, el psiquiatra austriaco que describió por primera vez el síndrome, llamaba a sus pacientes "pequeños profesores", ya que solían dominar a la perfección algún área de conocimiento que les interesaba, respecto de la cual mostraban una actitud obsesiva, una memoria casi perfecta y razonamientos altamente sofisticados. No obstante, según se estableció posteriormente, sin mediar interés, los niños con el síndrome suelen tener una baja capacidad de concentración, mostrándose incapaces para el estudio sistemático y fracasando muchas veces en la universidad. Pero de presentarse circunstancias propicias, a partir de las cuales coincidan sus intereses con alguna actividad lucrativa, les irá muy bien. Bill Gates, Tim Burton, Thom Yorke y Satoshi Tajiri, el creador de Pokemón, fueron diagnosticados con síndrome de Asperger.

Dicen que el Mundo es cruel, que no le interesa nuestra autoestima y que sólo espera que ofrezcamos algo. Sí, puede que sea cierto, pero no es menos cierto que existen ámbitos en donde la autoestima de una persona es algo que importa; la familia, por ejemplo. Por eso, si es que tienen o llegan a tener un hijo que presente las características del síndrome de Asperger, no le digan que se "avispe", "que no sea gil" o que "sea más vivo". Seguirá igual de aweonao y lo único que lograrán es dañarle innecesariamente su amor propio. Quizá lo mejor sea facilitar y apoyar sus intereses, por ridículos o excesivos que parezcan, y esperar, que cuando se convierta en Bill Gates, mande algo de plata.

Advertencia: No soy psiquiatra ni psicólogo; puede, por tanto, que parte o todo lo que digo sobre el síndrome de Asperger esté equivocado.